La diversión, una de las funciones principales de las industrias de cultura (cultura de masas), conduce en realidad a la frustración puesto que sólo es un espejismo que en realidad esconde el conformismo. El individuo no existe, sino que es reemplazado por una pseudo individualidad en la que cada uno se identifica con lo universal.
Las industrias culturales refuerzan una ideología única simulando unas diferencias inexistentes.
domingo, 6 de junio de 2010
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